Porque aveces ni la mejor sonrisa puede hacer que todo tu interior se derrumbe

miércoles, 10 de agosto de 2011

Relato corto. Hecho por mi.


Recuerdo aquella noche fría de Diciembre. Todo el pueblo estaba dentro de sus respectivos hogares junto a la chimenea y viendo esa televisión sin color que en aquel entonces existía. Vagaba por las calles sin rumbo y muerto de frío. Me asomaba a los enormes ventanales de las casas y siempre veía una y otra vez la misma escena, una familia, sentada en una gran mesa, adornada con un mantel de tela fina blanco, con dos velas rojas y con grandes fuentes de comida. Mi estómago rujia como si fuese un fiero león. Tenía tanta hambreSeguía paseando por la gélidas calles que cubría de nieve hasta donde alcanza la vista. Cada vez tenía más frío, intentaba andar deprisa pero la nieve me lo impedía. Busqué refugio en unos cartones, pero al levantarlos vi que debajo de ellos se encontraba un pequeño perrito  y pensé:<<No le quitaré el refugio a una pequeña criatura>>. Seguí vagando muerto de frío sin saber a dónde acudir. Era tarde, ya iban a dar las campanadas del fin de año. Cuando iban por la tercera campanada empecé a toser, tanto que cuando quise darme cuenta ya tosía sangre, poco a poco notaba como iba desplomándome hacia el suelo y así sin darme cuenta caí. Tumbado en la nieve boca-arriba y empecé a caer en un profundo sueño del cual no volvería a despertar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario